Adoro hablar con él. Su risa, su voz. Todo. Suspiro cada vez que le pienso.
Sin apenas darme cuenta, se ha ido metiendo dentro de mí. Mi cabeza lo invoca.
Mi corazón lo reclama. Mis piernas quieren abrazarlo. Quieren darle la bienvenida.
Se ha metido dentro de mí, y ya es imposible que salga. Sólo somos amigos. Sólo
somos amigos. Lo he repetido tantas veces, que hasta he llegado a creerlo.
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